
El chocolate, desde hace mucho tiempo, ha sido asociado con la pasión y su reputación como afrodisíaco se remonta a los días de los aztecas y los conquistadores españoles.
Brandon Head, en El manjar de los dioses, cuenta que después de que el chocolate hubiese sido aceptado como bebida nutritiva, todavía era considerado como "un violento estimulante de las pasiones, que debería ser prohibido a los monjes" En 1905, un periodista de la revista British Spectator publicó la siguiente advertencia "Debo advertir a mis fieles lectores que sean especialmente cuidadosos en su trato con los folletones románticos, el chocolate, las novelas y otros excitantes cuyo uso considero personalmente muy peligroso"
El chocolate te pone alerta, inhibe el insomnio y alivia el cansancio. Si bien no es una droga, sus efectos adictivos pueden compararse con la cafeína, pues contiene teobromina, un estimulante cardiaco que provoca antojo, necesidad de consumo y una gran sensación de placer.
La feniletilamina que contiene el chocolate es una sustancia sintetizada por el cerebro durante el orgasmo y especialmente cuando nos enamoramos, produce la secreción de anfetaminas naturales que producen estado de euforia y otro componente es la anandamida, que ocasiona una sensación de bienestar general, que quizá es el causante del gusto que casi todas las personas tienen por este delicioso alimento.
El chocolate también aumenta la actividad de la dopamina, sustancia neuroquímica que se asocia directamente con la excitación y el placer sexual.





